20 oct. 2012

La Belgrano volvió a dar pelea

Pese al cielo que amenazaba con lluvias, el público apoyó la iniciativa y colmó el estadio, anoche, para ver a los boxeadores cordobeses. Ganaron Suárez, Rodríguez y Luques Castillo.
Foto: Maxi Ávila Fotografía
Por Andrés Mooney 
El mensaje es similar al que, muchas veces, se le da a un boxeador en la esquina: dale, dale y dale, cueste lo que cueste. Así, tarde o temprano, la filosofía del trabajo acaba imponiéndose. Por eso, aunque el pronóstico anunciara riesgo de temporal, más de mil personas asistieron a la Nueva Sociedad Belgrano. La continuidad y la prolija organización de espectáculos en el club de la calle Alem, convirtió –hace rato- a la plaza en un clásico de los puños enguantados cordobeses.

Guillermo Suárez (12-2-0  66,900 kg.) debió combatir con el indescifrable Javier Mendoza Suárez (7-21-2  68,900 kg.), pero no solo con el peleador sino con todo lo que este acarreaba: además del plan de pelea difícil propuesto el radicado en Catamarca, había que enfrentar a un hombre de varios kilogramos más. Esto, sumado a un rincón inexperimentado –sin licencia habilitante para liderar una esquina- que no hizo más que complicar las acciones gritando y quejándose de cualquier decisión arbitral.

Por H o por B, el triunfo quedaba en casa. Con la mejor factura en los envíos, el dominio del tiempo y la distancia, y una potencia novedosa que demostró anoche variando su clásico plan de combate de tocar y salir, Suárez se llevó los primeros dos asaltos con comodidad, excepto algún tibio arresto de su oponente. Con caída incluida, el pupilo de Alberto Gómez –anoche, dirigido ocasionalmente por Luis Olivero- ganaba con holgura. Cuando se iba el tercer asalto, un cruce en el que el visitante giró la cabeza terminó con una combinación en la zona alta por parte de Suárez que depositó al boliviano a la lona. El boxeador –que, a decir verdad, no mostraba demasiados signos de querer continuar con el pleito- y su rincón protestaron airadamente por supuestos golpes en la nuca. La esquina, dos veces invadió el ring mientras Víctor Correa realizaba la cuenta de pie al final de cada round. A la primera, advirtió; a la segunda, con buen tino, el referí cordobés descalificó. ¿Qué pasó? Inicialmente, anunció nocaut técnico, equivocando la figura reglamentaria puesto que se trataba de una descalificación, fallo que automáticamente se rectificó. Pero, consideradas las acciones ocurridas, el yerro fue más anecdótico que otra cosa. Con dos invasiones de ring e igual cantidad de knockdowns en solo tres rounds, ¿cómo podía terminar la pelea? 
Menos de lo esperado. Es clásica. Uno se tira el ropero encima, elije el mejor perfume, pasa a buscar a la mina, y con suerte acaba recibiendo un beso en el cachete de despedida. Jorge Rodríguez (12-7-1  60,300 kg.) y José Iturria (5-17-1  60,300 kg.) habían prometido una guerra sobre el ring, pero sus estilos jamás se combinaron para brindar un buen espectáculo.
Cuidó la quintita. El Pelado hizo su negocio: en una división más alta que la suya, Rodríguez sintió una mano del cordobés y, desde allí, no hizo más –ni menos- que pegar y trabar. Hábil, llegaba primero con los golpes y no le daba tiempo al Majestuoso para que respondiera. El público, además de los dos cabezazos accidentales que fueron sancionados por Carlos Pedernera con el descuento de un punto, no aprobó el plan de pelea del de Río Tercero. Sin embargo, si no hubo más acción no fue solo por el Pelado, sino por un José Iturria que dudó demasiado al momento de tomar la iniciativa. Se podrán criticar las formas, pero lo cierto es que Rodríguez ganó con justicia. Los jurados dictaminaron: Mauricio García Arese 39-38; Gabriel Tavella 39-37,5; y Juan Carlos García 39-37,5.
¡Qué debut! El cosquilleo en la panza, los nervios escondidos en cara de macho, la duda que nos abraza el alma…¿existe alguna primera vez que no sea traumática? Lo placentero, en esas ocasiones, llega cuando el hecho pasó y por fin uno se sacó la mochila de encima. Sin embargo, Xavier Luques Castillo (debut  60,800 kg.), si estaba dubitativo, lo disimuló muy bien. Afirmando los puños, sin saltar sobre el ring, el hijo de Carlos Luques tuvo su primera aparición rentada con un aprobado sobresaliente: se notó el cambio en el estilo, mandó al suelo a su rival, y por poco no termina noqueando. Con mucha más experiencia en el profesionalismo, Adrián Bazán (6-3-1  60,800 kg.) buscó siempre lastimar al cordobés, aunque en vano. Las tarjetas arrojaron los siguientes guarismos: Argentino García 39,5-35,5; Guillermo Pérez 40-35; y Fernando Caruncho 40-35,5.

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