15 abr. 2012

Irusta gritó campeón

El viernes, en Deán Funes, el del Estadio Santos Laciar superó a José Iturria por decisión dividida. El Fiaca se adjudicó el cinto provincial superligero interino en una verdadera batalla.
 
Por Andrés Mooney 
Pedro Daniel Irusta (62,500 kg.) venció a José Iturria (63,500 kg.), en fallo dividido, el viernes en Deán Funes y se coronó campeón cordobés interino superligero. La pelea, que contó con cinco combates entre aficionados, se desarrolló en el Estadio Cubierto Municipal de la mencionada ciudad.

Tomala vos, dámela a mí. El primer round fue de estudio, sin mayores acciones, pero con un Irusta más claro que lanzaba la zurda en forma recta y llegaba sobre el rostro de Iturria. El segundo capítulo se revirtió: quien era dominador, pasó a ser dominado, y la pelea iba anunciando la paridad que luego tendría. El tercer asalto, que estaba siendo parejo con manos netas que llegaban de uno y otro boxeador, lo encontró al del Estadio Santos Laciar conectando un recto de izquierda de corto recorrido, pero eficaz. El de Argüello Juniors apoyó un guante y la rodilla en la lona, intentó pararse rápido, pero Brígido Rosa Vaca actuó en consecuencia y le inició la cuenta. No estaba sentido el Majestuoso que salió a cambiar golpes hasta que sonó la campana. 
La cuarta y quinta vuelta fueron ásperas. Irusta llegaba pleno; Iturria pegaba más, pero sin la potencia que al dirigido por Walter Ibañez todavía le quedaba. Así, cualquiera pudo haberse llevado esos rounds dependiendo la óptica del observador. En el sexto la pelea tomó ribetes dramáticos. A la cantidad que imprimía el Majestuoso, le agregó velocidad y puso contra las cuerdas al Fiaca dejándolo al borde del nocaut


Vaca interrumpió el embiste e inició la cuenta de protección, dándole respiro a Irusta que parecía se iba a la lona. No supo definir la pelea Iturria en los segundos finales y sonó el gong. El séptimo round siguió teniendo al dirigido por Luis Olivero como dominador, aunque lejos estuvo de tenerlo groogie como lo hiciera minutos antes. Llegó el octavo asalto y ambos rincones dieron la misma orden: “Sacá manos porque acá se define la pelea”. Rostros sangrados, cortes (en la nariz para Iturria; en el párpado para Irusta), signos de cansancio y evidencias de hambre de gloria se vieron en los tres minutos finales. Apareció Irusta, que parecía revivir para decir “acá está el campeón”. Se llevó el capítulo con buenos directos que lanzaba todavía con poder, ante un Iturria que jamás retrocedió. Pareció ahí sellar su victoria.
Cualquiera pudo haber sido el ganador en una pelea donde los dos hicieron lo suficiente para merecer el título. Pero solo había lugar para uno. Irusta celebró la victoria, Iturria lamentó la derrota, y los demás agradecimos la entrega, el corazón, el amor propio y la vergüenza deportiva.

Las tarjetas marcaron lo siguiente: Argentino García (77 1/2 - 75), Juan Carlos García (78 - 76), Héctor Morón (77 - 78). La tarjeta de Segundos Afuera fue 78-77 para Irusta.

Pocos para ver mucho. El público, extrañamente, no respondió a lo que debió ser una pelea a estadio lleno. No más de 200 personas se dieron cita, y hay que decirlo: se la perdieron.

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