Foto: Notifight |
Por Andrés Mooney
No es uno más. Mira, habla, piensa, trabaja y combate
diferente al resto. Es lo que en el barrio tildan de “bicho raro”. Tan fuera del molde
como lo fue –y sigue siendo- Sergio Víctor Palma, hombre que habla de boxeo y psicoanálisis casi con el mismo grado de conocimiento. La riqueza del lenguaje
propio de un erudito, la perseverancia para el trabajo arduo y silencioso cual obrero
minero, hacen de Sergio Gabriel Martínez un boxeador distinto. Tan especial que a medida que uno más se acerca e indaga sobre
su vida, más tierra fértil encuentra.
“A mí me sorprendió desde el primer día en que lo vi. No podía
creer que un boxeador se hiciera entender y sea entendido de forma tan simple. Es
un ídolo, y va a ser muy difícil que haya en la próxima década alguien como él,
en lo deportivo y en lo humano”. El empresario del boxeo Sampson Lewkowicz,
quien sostiene que no le interesa ser amigo de los boxeadores, narra su
experiencia junto a Maravilla. “En total, tuve a 18 campeones mundiales. Ocho actuales,
y represento a más de 50 boxeadores de alto nivel. Ninguno de ellos trabaja tan
fuerte, con semejante esmero como el que ofrece Martínez. Incluso a jóvenes como
Javier Fortuna -un invicto dominicano de 23 años y poco más de 57 kilogramos- les es imposible alcanzarlo corriendo, en la
bicicleta, en lo que sea. Me dicen ‘es una máquina, no hay forma; es biónico’.
La grandeza del nacido en Avellaneda sobrepasa, según el
promotor uruguayo, los límites del ring. “Él ayuda a mujeres maltratadas,
lucha contra la violencia doméstica y de género para darle confianza a muchas personas. Realiza obras de caridad sin que nadie sepa, poniendo plata de su bolsillo. Así puse en mi Twitter –cita Sampson, dueño de la cuenta
@SampsonBoxing-: ‘el que le pega a una mujer es un cobarde, pero más cobarde es
la mujer que no lo denuncia’”.
Llegar a campeón, estar en la cima del boxeo mundial, fue el sueño desde el segundo día que pisó un gimnasio. Aunque para muchos llegó hace rato, él mismo se encarga de aclarar
que aún le falta camino por recorrer: quiere ser el primero del ránking libra por libra, cueste lo
que cueste. Pero debajo del cuadrilátero, parece haber ocupado ese puesto hace
un buen tiempo. “Una vez, en un hospital de chicos enfermos de cáncer, en México,
estábamos con el Presidente del Consejo Mundial de Boxeo (José Sulaimán), y
una niñita de seis años le pregunta a Sergio: ‘¿Puedo tocar el cinturón? Porque me estoy muriendo y no sé si voy a poder volver a tenerlo cerca’. No aguantó
más y se puso a llorar delante de todos”.
- Se percibe la sensibilidad en él. Tiene un aura especial.
¿Hasta dónde es capaz de llegar este Sergio Martínez?
No existe un atleta con un corazón así. Ustedes, los argentinos,
tienen un regalo de Dios que los representa con mucha honra y amor. Ha llegado
a tiempo, vamos a tener Maravilla Martínez por largo rato. Dentro o fuera del
ring, pero cerca del boxeo.
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