8 jul. 2012

Un Niño fue a la guerra con un Gaucho

Billi Godoy le ganó, en las tarjetas, una pelea para el recuerdo a Sebastián Heiland. El neuquino se adjudicó el derecho a una chance mundialista.


Por Andrés Mooney 
Billi Facundo Godoy (25-0  72 kg.) superó, en decisión unánime, a Jorge Sebastián Heiland (19-2-2  70,800 kg.) y capturó el cinto Internacional del Consejo Mundial de Boxeo, además de la eliminatoria al título universal del peso medio CMB. En el estadio Ruca-Ché de Neuquén, se vivió anoche una de los mejores combates de los últimos enfrentamientos entre argentinos.

El niño y su juguete. Los primeros asaltos fueron para el neuquino, quien merced a su mayor tranquilidad y efectividad, castigó con facilidad a un Heiland que navegaba en la duda y no terminaba de construir una maniobra. Con la guardia alta, un Godoy erguido lanzaba golpes rectos de poder ante un visitante que los recibía y, en el primer round, ya visitaba la lona. Abundaba el olor a nocaut, pero no pasó de la amenaza. Godoy no supo terminar el combate cuando lo tuvo en bandeja y en cambio entró en un letargo que terminaría pagando caro.

Primeras señales. Compartíamos por Twitter (@andresmooney), culminados los tres primeros rounds, que el campeón argentino de los medianos, a pesar de su buen momento, no asimilaba lo escaso que proponía la visita. La cabeza del Niño acusaba cada contacto, pero el Gaucho de Pigüé recién estaba calentando motores.


Se despertó el zurdo. El repiqueteo en el ring, el movimiento de piernas y la combinación de golpes, salieron a relucir en un Heiland que parecía despertar tras haber “regalado” gran parte de la pelea. Godoy lo esperaba firme, listo para contragolpear con todo, pero también estático de piernas y cintura como para convertirse en lo que por momentos fue: un gran blanco fijo. El de Río Negro mandó al tapiz a su contrincante en el séptimo episodio y también pecó cuando pudo haber terminado con el compromiso. El local no solo estaba comenzando a descubrir qué era eso de sufrir en un ring, sino que además exhibía terribles falencias defensivas. Aun así, quedaron a mano y el nocaut no llegó.

Para cualquiera de los dos. Los últimos asaltos fueron a cara o cruz. Nadie podía adivinar qué ocurriría en el segundo siguiente. Se iba el decimoprimer round con un Heiland groogie que, de pronto, resucitó y sacó tres golpes que de no mediar la campana hubiesen marcado el “out” para el menor de los Godoy.
Las tarjetas se quedaron con el local y los números fueron más abultados de lo que sucedió en los 36 minutos de acción. 

Todavía no. Además de la enseñanza por vérselas con un contrincante de jerarquía, estas peleas sirven para saber dónde está parado cada quién. Y los manejadores de Billi Godoy deberán entender que, más allá de lo que diga el reglamento de la entidad con sede en México, aún falta -y mucho- para intentar destronar a un titular mundial.


Así terminaron

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